Diálogo con la tradición
Mis referencias a las tradiciones pictóricas europeas —el dramatismo del Barroco, la tensión expresiva del Manierismo, la fuerza emocional de los grandes maestros— funcionan como un puente hacia mis propias sensaciones. No copio; establezco un diálogo con ellas, reinterpretando su lenguaje en clave contemporánea. Al mismo tiempo, me nutro de las tradiciones pictóricas japonesa y china, especialmente de su comprensión del vacío, el ritmo y la relación poética entre la naturaleza, el gesto y la emoción interior, que influyen profundamente en mi manera de percibir la luz y la atmósfera.
Gesto y tacto
Mi práctica pictórica es profundamente física. A menudo pinto con las manos y los dedos, permitiendo un contacto directo con la materia. Este enfoque táctil conecta cuerpo, emoción y gesto, convirtiendo el acto de pintar en una experiencia intuitiva e inmediata, en la que el pensamiento cede paso a la sensación.
La luz como protagonista
Para mí, pintar es sumergirme en un espacio donde el tiempo desaparece y el mundo se concentra en luz, color y memoria. La luz es a la vez mi compañera y mi protagonista; modela y da aliento vital a cada forma.
La pintura como experiencia emocional
Cuando trabajo, siento cómo la pintura me permite explorar y dar forma a mis recuerdos, inquietudes y experiencias. Mis sensaciones se transforman en materia. Me conmueve la posibilidad de crear atmósferas que no solo se ven, sino que también se sienten, invitando al espectador a sumergirse plenamente en la obra.
Materiales y memoria
Trabajo con materiales diversos —óleo, acrílico, tintas, pasteles, rotuladores, ceras— y a menudo sobre lienzos o paneles que han tenido otra vida. La práctica de reutilizar me conecta con las historias previas de estos objetos, añadiendo capas invisibles de memoria a cada pieza. La manipulación física de los materiales refuerza mi vínculo con la pintura como una superficie viva.
Intimidad y conexión
Pintar es un acto de intimidad y descubrimiento. Cada obra es un espacio donde encuentran expresión mis sentimientos y reflexiones sobre el mundo que nos rodea o sobre mí misma. Al mismo tiempo, cada una de mis obras es un intento de conectar con quien la contempla, un puente hacia la experiencia del otro.
El poder transformador del arte
Creo firmemente que el arte tiene la capacidad de generar diálogo entre culturas y generaciones. Cada obra es una oportunidad para tender la mano al espectador. Cada pintura es una ocasión para conectar, reflexionar y, quizá, contribuir a hacer de este mundo un lugar mejor.
La luz como protagonista
Pintar para mí es sumergirme en un espacio donde el tiempo desaparece y el mundo se concentra en luz, color y recuerdos. La luz es a la vez mi compañera y mi protagonista, es lo que modela y da vida a cada forma.
Pintar como experiencia emocional
Cuando trabajo, siento cómo la pintura me permite explorar y dar forma a mis recuerdos, inquietudes y vivencias. Mis sensaciones se traducen a materia. Me mueve la posibilidad de crear atmósferas que no solo se ven, sino que también se sienten, invitando al espectador a sumergirse en la obra.
Diálogo con la tradición
Mis referencias a tradiciones pictóricas europeas —el dramatismo del Barroco, la tensión expresiva del Manierismo, la fuerza emocional de los grandes maestros— son un puente hacia mis propias sensaciones. No copio: dialogo con ellas, reinterpretando su lenguaje en clave contemporánea.
Materiales y memoria
Trabajo con materiales diversos —óleo, acrílico, tintas, pasteles, rotuladores, ceras— y muchas veces sobre lienzos o tablas que han tenido otra vida. La práctica de reutilizar me conecta con las historias previas de los objetos, agregando capas invisibles de memoria a cada pieza.
Intimidad y conexión
Pintar es un acto de intimidad y descubrimiento. Cada obra es un espacio donde mis sentimientos y reflexiones sobre el mundo que nos rodea o sobre mí encuentran su expresión. Al mismo tiempo, cada una de mis obras es un intento de conexión con quien las contempla, un puente hacia la experiencia del otro.
El poder transformador del arte
Creo firmemente que el arte tiene la capacidad de fomentar el diálogo entre culturas y generaciones. Cada obra es una oportunidad de acercase a quien la mira. Cada pintura es una ocasión de conectar, reflexionar y, quizá, de contribuir a hacer de este mundo un lugar mejor.